El Whisky y sus orígenes
Reconocido mundialmente, el “scotch” domina el mercado mundial de whiskys llevando consigo una gran parte de la historia y cultura de Escocia. Convertido en la bebida insignia escocesa, sus diferentes tipos (Maltas y Blends) son el resultado de la diversidad climática y geográficas de sus regiones productoras por excelencia (Highlands, Lowlands, Islay y Speyside).
Si bien muchos sostienen que el mismísimo San Patricio, patrono del pueblo irlandés, llevo desde los monasterios de Irlanda a los de Escocia, no solo el cristianismo sino también los secretos de la destilación, esta discusión sobre el origen del whisky es tan remota como la bebida misma. Lo cierto es que el Irish Whisky ha sido una pieza fundamental en la historia y desarrollo de esta bebida a escala mundial.
Sus principales características y su inconfundible suavidad se aprecian debido a su triple destilación, ausencia de “turbeado” durante el proceso de secado-malteado y la mezcla de cereales malteados y sin maltear en el momento de su elaboración.
Respecto a Estados Unidos como país productor de Whisky, podríamos decir que “todos los Bourbon Whisky son Whisky americanos pero no todos los Whisky americanos son precisamente Bourbon”. Tal afirmación se debe a que solo pueden ser llamados o denominados “Bourbon Whisky” aquellos Whiskys elaborados dentro del estado de Kentucky, con un 51% de maíz mas otros cereales y añejados por un mínimo de dos años en barriles nuevos de roble blanco americano chasmucados por dentro. Esta técnica asegura el carácter rugoso que imprimirían los taninos del roble al producto final.
Sus principales características se aprecian a través de su intenso color ámbar rojizo, sus aromas profundos y dulces (maíz), con notas a caramelo, vainilla y madera. Presentan también un carácter robusto y untuosidad en boca.
